miércoles, 10 de octubre de 2007

Crónica de un despido anunciado

No estoy tan seguro de que todos hayan entendido el claro mensaje que de fondo ha significado el cambio de entrenador en el América. La llegada de Daniel Brailovsky merece ser festejada por la tribuna americanista porque parece un intento y un paso fundamental para tratar de devolverle al club el estilo y las formas que van ligadas a su historia.

Guillermo Cañedo ha "matado" dos pájaros de un solo tiro. Primero, le dio a la tribuna a un personaje que sin antecedentes importantes como técnico tiene cautivado el corazón de los fanáticos. Y segundo, el presidente azul-crema termino de "echar" de Coapa los últimos rezagos de la era Lapuentista y del promotor Carlos Hurtado.

La decisión de colocar en el mando a Brailovsky le devuelve también todo el poder y el control del equipo a Cañedo. La poca experiencia del Ruso como entrenador, el hecho de que sólo haya dirigido 10 partidos en esta liga y el poco reconocimiento que se le da a sus días como técnico en Israel han sido valorados por la directiva del América, pero le han dado un precio superlativo al hecho de que su imagen como jugador y como ídolo amarillo de la década de los ochenta permanece intacta.

El América quiere probar y aunque le han dado un contrato por tres temporadas, como sucede con todos los entrenadores, los resultados terminarán mandando sobre su futuro inmediato.
Yo creo que no es una decisión para salir del problema o una transición hacia la llegada de un entrenador cotizado. El América quiere probar con El Ruso. En la medida que obtenga resultados se ganará la continuidad.

Nadie parece darse cuenta de que la clasificación se la ha ido de las manos al equipo de Coapa. La distancia que Santos y Atlante, los mandones del campeonato, sacan en el sector dos es más que definitiva. El América aspira a meterse por el camino de la reclasificación. Pero eso es lo que menos debe importarle a Brailovsky. Cualquier tipo de mejoría será enseguida reconocida por la directiva, por los aficionados y hasta por la crítica.

El primer gran reto del nuevo entrenador será la Copa Sudamericana, quizá el más importante de los triunfos de su antecesor. Brailovsky debe parar un equipo en sólo 48 horas para afrontar al enrachado equipo brasileño Vasco Da Gama y de paso tendrá que suplir las ausencias del Pocho Insúa y de Rodrigo López, que deben reportar con sus selecciones para las eliminatorias sudamericanas.

El Ruso tiene un gran reto por delante, pero tiene mucho que ganar y muy poco que perder y debe entender que ha llegado al banquillo por el juego alegre, ofensivo y espectacular que alguna vez comunicó desde la cancha, como un jugador estelar de un equipo de grandes dimensiones. Para él, el hecho de que en sólo tres años haya logrado cautivar el corazón y el amor del pueblo amarillo, y que ese antecedente --ya viejo-- le haya servido para llegar como técnico, debe ser todo una satisfacción.

El América y los americanistas deben esta festejando. No sólo que haya llegado a la banca uno de sus "hijos predilectos", sino que de paso han limpiado "el nido" de todo aquello que olía al pasado reciente de un grupo que tenía "secuestrado" al equipo bajo un estilo que no era el de casa.

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